Casi todos los hongos que existen dependen de las esporas para sobrevivir. Estas pequeñas unidades unicelulares son el principal método de reproducción. Permiten que los hongos se propaguen ampliamente y aseguran que la especie continúe.
Los hongos crean esporas a través de dos vías principales. Algunos utilizan métodos asexuales para producirlos directamente. Otros dependen de la reproducción sexual para formarlos indirectamente. El proceso suele implicar la fragmentación del micelio. También puede ocurrir dentro de estructuras especializadas como esporangios o gametangios.
El movimiento varía entre estas células reproductivas. Los hongos primitivos suelen producir esporas con flagelos. Estos pueden nadar a través de la humedad. Sin embargo, la mayoría de las esporas no son móviles. Se dejan llevar por las corrientes de aire o hacen autostop en animales.
Cuando una espora aterriza en un lugar adecuado, germina y crece para formar un nuevo individuo fúngico.
El viaje termina cuando la espora encuentra las condiciones adecuadas. Una vez que se asienta, comienza la germinación. La única célula se expande. Se convierte en un nuevo organismo fúngico. Este ciclo se repite sin cesar.