Una nueva investigación ha revelado un marcado vínculo entre la contaminación terrestre y la disminución de la biodiversidad marina a lo largo de la costa británica. Los científicos han descubierto que las aguas residuales y la escorrentía agrícola están teniendo un impacto “alarmante” en las praderas marinas, a menudo descritas como los bosques submarinos del océano, reduciendo significativamente las poblaciones de pequeños invertebrados que forman la base de la red alimentaria marina.
El costo oculto de la contaminación por nutrientes
Si bien la preocupación pública a menudo se centra en la higiene de nadar en aguas contaminadas con aguas residuales, este estudio destaca una crisis ecológica más profunda. La investigación, realizada por Project Seagrass y la Universidad de Swansea, demuestra que el exceso de nutrientes que ingresan a los ríos provenientes de descargas de aguas residuales, aguas residuales industriales y fertilizantes agrícolas están alterando fundamentalmente los ecosistemas marinos.
Estos nutrientes desencadenan un proceso conocido como eutrofización. Cuando los niveles de nitrógeno y fósforo aumentan, provocan un crecimiento explosivo de algas. Esta proliferación de algas sofoca los lechos de pastos marinos, bloqueando la luz solar que necesitan para sobrevivir y agotando el oxígeno del agua. El resultado es un hábitat degradado que ya no puede sustentar la rica diversidad de vida que alguna vez tuvo.
Una caída del 90% en la vida marina
Los hallazgos se derivaron de un examen de 16 sitios costeros diferentes en Gran Bretaña, seleccionados para representar un gradiente desde ambientes altamente contaminados a ambientes relativamente limpios. El contraste fue sorprendente:
- Impacto del nitrógeno: Las concentraciones más altas de nitrógeno se relacionaron sistemáticamente con una menor abundancia de animales y riqueza de especies. Los investigadores observaron que el aumento de los niveles de nitrógeno podría corresponder a una disminución de aproximadamente el 90 % en la abundancia de vida por unidad de área de hábitat.
- Impacto del fósforo: Se descubrió que los niveles elevados de fósforo tienen un “efecto negativo devastador”, particularmente en ambientes de lagunas.
Las praderas de pastos marinos son hábitats críticos. Una sola hectárea de pastos marinos sanos puede albergar hasta 100 millones de invertebrados, incluidos cangrejos, camarones y caracoles. Estas criaturas son los “insectos” del océano, esenciales para el funcionamiento del medio marino y que sirven como fuente primaria de alimento para peces y aves.
Puntos críticos de decadencia
El estudio identificó áreas específicas donde el impacto es más severo:
* El estuario del Támesis (costa de Essex): Las praderas de pastos marinos aquí están muy cubiertas de algas debido a la alta carga de nutrientes.
* El Fiordo de Forth (Escocia): Este sitio de la costa este también mostró una degradación significativa.
* Isla Skomer (Gales): Si bien es reconocido internacionalmente como un paraíso para la vida silvestre, este sitio enfrenta la presión tanto del impacto humano como de factores naturales como el guano de aves marinas.
En contraste, los sitios con agua limpia y saludable, como las Islas Sorlingas frente a Cornualles y las Islas Orcadas, mostraron niveles mucho más altos de biodiversidad y vida.
La necesidad de un pensamiento integrado tierra-mar
La investigación subraya una conclusión fundamental: para proteger el océano, debemos gestionar la tierra.
El Dr. Richard Unsworth, de la Universidad de Swansea, destacó que los aportes fluviales procedentes del uso deficiente de fertilizantes y de las aguas residuales influyen directamente en la cantidad de alimento disponible para peces y aves. “Queremos esa biodiversidad, queremos esa productividad en nuestros océanos”, afirmó.
Esto ya ha dado lugar a algunos cambios regulatorios, incluidos límites a la construcción de viviendas en zonas costeras sensibles y restricciones al almacenamiento y esparcimiento de purines en tierras de cultivo. Sin embargo, el estudio aboga por un enfoque más holístico.
“Si queremos proteger el medio marino debemos mirar hacia la tierra y es necesario que haya un pensamiento integrado; esa es una conversación que rara vez se mantiene”.
Conclusión
La salud de los bosques submarinos del Reino Unido está indisolublemente ligada a la forma en que gestionamos nuestros ríos y tierras de cultivo. Los datos confirman que la contaminación por nutrientes no es sólo un problema a nivel de superficie sino un factor de pérdida grave de biodiversidad. La protección de estos hábitats vitales que absorben carbono requiere una acción coordinada entre los sectores terrestre y marino para reducir el flujo de aguas residuales y escorrentía agrícola hacia las aguas costeras.





















