Algunas personas exhiben cambios cerebrales compatibles con la enfermedad de Alzheimer (placas amiloides y ovillos de tau) pero permanecen cognitivamente sanos. Investigaciones recientes sugieren que esta resiliencia se debe a diferencias en cómo el cerebro maneja estas características patológicas, particularmente la capacidad de prevenir la acumulación excesiva de proteína tau.
El rompecabezas del Alzheimer: daños sin síntomas
La enfermedad de Alzheimer se caracteriza típicamente por la acumulación de placas amiloides y ovillos de tau, que alteran la función cerebral y provocan pérdida de memoria y deterioro cognitivo. Sin embargo, un creciente conjunto de evidencia demuestra que no todas las personas con estos cambios cerebrales desarrollan síntomas. Este fenómeno, denominado “resiliencia”, plantea cuestiones críticas sobre la progresión de la enfermedad y los posibles mecanismos de protección.
Dos estudios arrojan luz al respecto. Los investigadores examinaron cerebros de personas fallecidas, algunas con Alzheimer, otras sin ella y otras que permanecieron cognitivamente intactas a pesar de tener niveles similares de placas amiloides. El análisis reveló que la diferencia clave no era sólo la presencia de amiloide, sino la eficacia con la que el cerebro controlaba los ovillos tau.
Tau versus amiloide: la distinción crítica
Las placas amiloides parecen preparar el cerebro para la acumulación de tau, pero tau es el principal impulsor del deterioro cognitivo. Los estudios demostraron que las personas resistentes al Alzheimer tenían niveles de amiloide comparables a los de aquellos con la enfermedad, pero una acumulación de tau significativamente menor. Esto sugiere que evitar que tau se propague y se acumule es crucial para mantener la función cognitiva.
La presencia de amiloide por sí sola no garantiza el deterioro cognitivo; es la patología tau posterior la que determina la gravedad de la enfermedad.
Los investigadores también encontraron que la respuesta del cerebro al amiloide es compleja. Si bien la presencia de amiloide desencadena algunos cambios, la acumulación de tau altera drásticamente la función cerebral en múltiples sistemas. Un análisis detallado de proteínas reveló que sólo unas pocas proteínas se vieron afectadas por el amiloide, mientras que más de 670 estaban asociadas con la tau. Estas proteínas controlan procesos críticos como el crecimiento celular, la comunicación y la eliminación de desechos.
Microglia: ¿los guardianes inmunológicos del cerebro?
Otro factor clave en la resiliencia puede ser el papel de la microglía, las células inmunitarias del cerebro. Estas células limpian los desechos, regulan la inflamación y mantienen la salud de las neuronas. La microglía disfuncional está relacionada con la progresión del Alzheimer, pero los individuos resilientes muestran evidencia de microglía más activa en áreas vitales para la función cognitiva.
Específicamente, estas microglías exhiben una mayor actividad en genes relacionados con el transporte de instrucciones genéticas para la producción de proteínas, lo que sugiere que gestionan eficientemente los procesos celulares. También muestran una actividad disminuida en las vías inflamatorias que consumen mucha energía, lo que podría explicar por qué siguen siendo protectoras en lugar de destructivas.
Implicaciones para el tratamiento
Los hallazgos refuerzan la idea de que el cerebro tiene mecanismos innatos para combatir la patología del Alzheimer. Si bien una solución terapéutica no es inminente, comprender cómo funcionan los cerebros resilientes podría conducir a nuevos tratamientos que prevengan la enfermedad, en lugar de simplemente frenar su progresión. La biología sugiere que es prometedor aprovechar las defensas naturales del cerebro.
Estos estudios resaltan la necesidad de cambiar el enfoque de simplemente reducir el amiloide a apuntar a la acumulación de tau y mejorar la función de la microglía. Esto podría abrir nuevas vías para prevenir el Alzheimer y preservar la salud cognitiva incluso ante un daño cerebral.




















