Los científicos han confirmado por primera vez la presencia de un virus altamente infeccioso y a menudo mortal, el morbilivirus de los cetáceos, en las ballenas jorobadas del Ártico. El descubrimiento, realizado utilizando drones para recolectar muestras de espiráculos de ballenas en el norte de Noruega, genera preocupación sobre la propagación de enfermedades en ecosistemas marinos que antes no se habían visto afectados.
Primera detección en aguas árticas
El virus, que ha causado mortandades masivas de marsopas, delfines y ballenas en otras regiones como el Atlántico Norte y el Mediterráneo, fue detectado en muestras de soplos de ballenas analizadas por investigadores de la Universidad Nord. Publicado en BMC Veterinary Research a mediados de diciembre, el estudio confirma que este patógeno mortal circula actualmente en aguas árticas.
“Nunca antes se había reportado en esa zona”, explica Helena Costa, veterinaria que dirigió la investigación. “Esperábamos que algunas de las especies que migran lo trajeran”.
Cómo se realizó el estudio
Tradicionalmente, los científicos recolectan muestras de tejido mediante biopsias de piel, un método más invasivo. El nuevo estudio utilizó drones para recoger el aliento de las ballenas (el aliento exhalado), ofreciendo una forma menos perturbadora de tomar muestras de mamíferos marinos. Esto es crucial porque algunas ballenas pueden no mostrar síntomas externos incluso cuando están infectadas.
Por qué esto es importante
El virus ataca los sistemas respiratorio y neurológico de los mamíferos marinos, provocando enfermedades graves y la muerte. El hecho de que ahora se haya encontrado en el Ártico sugiere que las ballenas migratorias están propagando el virus a poblaciones previamente aisladas. Los investigadores también sugieren que las lagunas en el seguimiento previo pueden haber ocultado la presencia del virus durante más tiempo de lo que se pensaba anteriormente.
Las implicaciones son significativas. Se necesita una mayor vigilancia para rastrear la propagación del morbilivirus de los cetáceos y comprender cómo afecta a las poblaciones de ballenas del Ártico. El estudio también destaca el valor de los métodos de investigación no invasivos, como el muestreo con drones, para estudiar la vida silvestre vulnerable sin causar daño.
El descubrimiento sirve como un claro recordatorio de que incluso los ecosistemas remotos no son inmunes a la transmisión de enfermedades. Es fundamental realizar más investigaciones para predecir el impacto a largo plazo del virus en la vida marina del Ártico.
