El orden planetario inusual desafía las teorías de la formación

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Los astrónomos han descubierto un sistema exoplanetario, LHS 1903, que parece desafiar los modelos estándar de formación planetaria. La configuración del sistema (planetas rocosos flanqueando gigantes gaseosos ) sugiere una historia temprana caótica, que podría remodelar nuestra comprensión de cómo evolucionan los sistemas planetarios.

La anomalía explicada

LHS 1903, una estrella enana roja a 116 años luz de distancia, alberga cuatro planetas dispuestos en un orden inesperado: rocoso, gaseoso, gaseoso y luego rocoso. Esto es inusual porque la teoría de la formación planetaria predice que deberían formarse mundos rocosos más cerca de la estrella (donde el calor evita la retención de gas) y gigantes gaseosos más lejos (donde las temperaturas permiten la acumulación de gas).

Este sistema rompe esa regla, dando a entender una perturbación significativa. Como explica Andrew Cameron, de la Universidad de St. Andrews, “en los sistemas planetarios jóvenes suceden cosas malas… Este tiene el aspecto de algo que se ha vuelto del revés”. Los planetas orbitan en menos de 30 días, todos dentro de un espacio compacto, y tienen un radio de entre 1,4 y 2,5 veces el de la Tierra.

¿Qué pasó?

La explicación más probable es la migración planetaria. Al principio de la vida del sistema, las fuerzas gravitacionales pueden haber provocado que los planetas exteriores entraran en espiral hacia adentro. Esto podría haber sido provocado por una colisión con un cuerpo grande, que despojó a la atmósfera del planeta más externo, o por una dispersión general de material que reformó el sistema.

La formación tardía del cuarto planeta también influye. Es posible que haya crecido una vez que el sistema “se quedó sin gas”, lo que le impidió adquirir una atmósfera significativa.

Por qué esto es importante

LHS 1903 ofrece información valiosa sobre la violencia que puede ocurrir durante la formación planetaria. Nuestro propio sistema solar probablemente experimentó un caos similar en sus primeras etapas, con Júpiter y Saturno cambiando de órbita, dispersando asteroides y posiblemente intercambiando las posiciones de Urano y Neptuno.

Este descubrimiento refuerza la idea de que los sistemas planetarios no siempre están perfectamente ensamblados. A menudo son el resultado de procesos turbulentos. Otras observaciones de sistemas como LHS 1903 ayudarán a perfeccionar nuestra comprensión de cómo se forman los planetas y cuán comunes pueden ser estas historias caóticas.

La configuración inusual de este sistema resalta que la formación planetaria no es un proceso predecible y que la estabilidad de nuestro propio sistema solar puede ser más excepcional de lo que se pensaba anteriormente.

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