El cohete Space Launch System (SLS) de la NASA se dirige hacia su plataforma de lanzamiento para la misión Artemis II, el primer vuelo tripulado a la Luna en más de 50 años. Este lanzamiento marca un paso crítico para que los humanos regresen al espacio profundo, pero también resalta un cambio en el panorama de las capacidades de lanzamiento espacial. Si bien el SLS sigue siendo increíblemente poderoso, ya no ostenta el título indiscutible de ser el cohete más capaz del mundo.
El cambio de poder: SLS vs. Starship
El SLS genera 8,8 millones de libras de empuje, equivalente a aproximadamente 160.000 motores Corvette. Esto lo convirtió en el cohete operativo más poderoso en su debut con Artemis I. Sin embargo, el Starship de SpaceX ahora supera eso, produciendo un estimado de 16 a 17 millones de libras de empuje. ¿La distinción clave? SLS está listo para transportar astronautas, mientras que Starship aún está en pruebas. Con Artemis II, el SLS podría convertirse en el cohete más poderoso que jamás haya lanzado seres humanos, quemando 700.000 galones de combustible para alcanzar la velocidad necesaria.
SLS: el único viaje para Orión
Actualmente, SLS es el único cohete certificado para enviar la nave espacial Orion a la Luna. La cápsula Orion, apodada “Integridad” por la tripulación, transportará a cuatro astronautas en una misión de 10 días, volando aproximadamente 5.000 millas más allá de la cara oculta de la luna. A su regreso, amerizará en el Océano Pacífico. Esta misión probará los sistemas de soporte vital y las capacidades en el espacio profundo de Orion, solidificando el papel del SLS como el principal vehículo de lanzamiento lunar en el futuro previsible.
Construido sobre hardware heredado
SLS no es del todo nuevo. Se basa en gran medida en la tecnología del transbordador espacial. Los ingenieros reutilizaron el tanque externo del transbordador en la etapa central del cohete y reutilizaron cuatro motores principales del transbordador espacial. A pesar de los esfuerzos de modernización, el cohete está diseñado para un solo uso, desechando los motores después de cada lanzamiento para maximizar la capacidad de carga útil. Los propulsores de cohetes sólidos, también derivados del programa Shuttle, proporcionan el 75% del empuje en el momento del despegue.
Compensaciones: exceder la reutilización
Para ampliar su alcance desde la órbita original de 250 millas del transbordador hasta la Luna (aproximadamente a 239.000 millas de distancia), el SLS sacrificó la reutilización. Se eliminaron características como paracaídas y combustible de reserva para ganar 2000 libras de capacidad de carga útil. Esto permite a Orion alcanzar velocidades de aproximadamente 24.500 mph, pero a costa de hacer que el SLS sea completamente desechable. El escape es relativamente limpio y quema hidrógeno y oxígeno líquidos para producir vapor de agua sobrecalentado.
Un esfuerzo costoso
El SLS es uno de los cohetes más caros jamás construidos. En 2022, el inspector general de la NASA estimó que cada lanzamiento de Artemis costaría 4.100 millones de dólares, de los cuales aproximadamente la mitad estaría vinculado únicamente al SLS. Este alto costo se debe en parte a una ley de 2010 que exige su construcción, con el objetivo de proteger los empleos durante la Gran Recesión. Hoy en día, más de 3.800 proveedores en los 50 estados contribuyen a SLS y Orion, lo que lo convierte en un importante motor económico a pesar de su precio exorbitante.
En última instancia, SLS sigue siendo un activo fundamental para las ambiciones lunares de la NASA, pero su dominio está disminuyendo. La aparición de cohetes reutilizables como Starship está remodelando el panorama de los lanzamientos espaciales, obligando a reevaluar el costo, la eficiencia y la sostenibilidad a largo plazo.




















