A sólo doce millas de Roma, un lagarto aparentemente común y corriente revela una verdad sorprendente sobre el mundo natural: la biodiversidad no se trata sólo de cuántas especies existen, sino también de la increíble variación dentro de ellas. Los investigadores están descubriendo que estas diferencias, desde colores vibrantes hasta comportamientos agresivos, son cruciales para la supervivencia de los ecosistemas.
El espectro dentro de una especie
La lagartija común (Podarcis muralis ) muestra una diversidad sorprendente. Un macho puede ser de color negro carbón con motas amarillas y azules, mientras que otro, a pocos kilómetros de distancia, es de color marrón con rayas oscuras. A pesar de estas diferencias, son la misma especie y su variación no es aleatoria. Durante millones de años, en Italia han coexistido tres formas de color distintas (blanco, amarillo y naranja), mantenidas por complejas interacciones sociales y sexuales.
Sin embargo, un nuevo estudio en Science revela una posible alteración de este antiguo equilibrio. Una cuarta variación, más oscura y agresiva, conocida como nigriventris, se está extendiendo, llevando potencialmente a las formas originales hacia la extinción. Los investigadores analizaron más de 2.500 lagartos en toda Italia y descubrieron que la forma nigriventris, posiblemente originaria de islas antiguas de la región, está superando a sus predecesores.
Por qué es importante la diversidad intraespecies
No se trata sólo de estética. La variación genética, conductual y morfológica dentro de una especie es esencial para la adaptación. Sin él, la evolución se estanca y la capacidad de una población para sobrevivir a las condiciones cambiantes queda gravemente limitada.
“Por lo tanto, comprender y prevenir la erosión de esta diversidad se encuentra en el centro mismo de la biología de la conservación”. – Dra. Nathalie Feiner, Instituto Max Planck
La actividad humana plantea una gran amenaza a esta diversidad. La lagartija eólica (Podarcis raffonei ), en peligro de extinción, que se encuentra sólo en pequeñas islas al norte de Sicilia, está siendo empujada hacia el colapso por la degradación del hábitat, las ratas invasoras y la competencia con la lagartija italiana (Podarcis siculus ).
Esfuerzos de conservación: una carrera contra el tiempo
Los investigadores lanzaron el proyecto Life Eolizard en 2023 para prevenir la extinción y preservar la diversidad única de la especie. La iniciativa combina la restauración del hábitat, el control de ratas y la eliminación de lagartos invasores. Fundamentalmente, los científicos también han iniciado programas de cría en cautividad, seleccionando parejas basándose en datos genómicos para maximizar la resiliencia genética.
“En 2025, seleccionamos parejas reproductoras utilizando datos genómicos y produjimos los primeros 64 juveniles de esta especie nacidos en cautiverio”, dice el Dr. Daniele Salvi de la Universidad de L’Aquila. “Esto nos permite maximizar la diversidad genética y la resiliencia para que las reintroducciones comiencen con fuerza en la naturaleza”.
El proyecto tiene como objetivo reintroducir estos lagartos criados en cautiverio en ecosistemas insulares restaurados, creando refugios seguros para su supervivencia a largo plazo. La creación de santuarios en islas como Lisca Bianca y Bottaro es un punto de inflexión para la especie, remodelando su distribución y mejorando sus posibilidades de recuperación.
La historia de la lagartija pone de relieve una verdad fundamental: la biodiversidad no se trata sólo de contar especies, sino también de preservar la intrincada variación que las hace resilientes y adaptables. Proteger esta complejidad oculta es esencial para garantizar la salud de los ecosistemas y el futuro de la vida en la Tierra.




















