La mayoría de las veces, no ves conscientemente tu propia nariz, aunque esté justo delante de tu cara. Este no es un defecto visual; es un aspecto fundamental de cómo su cerebro procesa la información. No percibimos el mundo como es sino como un modelo construido para sobrevivir.
La eficiencia del cerebro
El científico de la visión Michael Webster explica que nuestro cerebro prioriza el cambio y la novedad. Procesar constantemente características estáticas como nuestra propia nariz sería un desperdicio de energía mental. En cambio, el cerebro filtra información predecible para centrarse en lo que importa: amenazas, comida y navegación.
Esta eficiencia se extiende más allá de la nariz. Su cerebro suprime activamente el ruido visual de su propio cuerpo. Por ejemplo, los vasos sanguíneos de los ojos crean sombras, pero rara vez las notas a menos que se muestren deliberadamente durante un examen de la vista. El cerebro cancela este constante desorden visual.
Llenando los vacíos
Aún más sorprendente es que tu cerebro no sólo ignora la información, sino que la crea. Todo el mundo tiene un punto ciego donde el nervio óptico sale del ojo, un espacio lo suficientemente grande como para oscurecer más de dos lunas llenas en la visión. Sin embargo, no percibes un agujero en tu vista porque tu cerebro lo llena basándose en los detalles del entorno. Si miras una superficie blanca, tu cerebro asume que el área faltante también es blanca.
Conciencia y percepción
La nariz que “desaparece” resalta que nuestra visión no es un registro pasivo de la realidad. Es una construcción activa, un modelo diseñado para la utilidad, no para una precisión absoluta. Puedes obligarte a tomar conciencia de tu nariz concentrándote conscientemente en ella, pero en circunstancias normales, tu cerebro la ignora.
“Incluso este modelo en sí es en realidad sólo la información que necesitas para salir adelante. En realidad, no te dice cuál es la realidad del mundo”.
Esto implica que nuestra percepción no se trata de ver el mundo tal como es, sino de recibir los datos mínimos necesarios para funcionar. El cerebro proporciona la información suficiente para sobrevivir y los detalles innecesarios pasan a un segundo plano.
En conclusión, la razón por la que normalmente no te ves la nariz no es un defecto en tu visión, sino un testimonio de la notable eficiencia del cerebro para filtrar y construir la realidad. El mundo que percibes no es una copia perfecta de lo que existe, sino un modelo simplificado diseñado para sobrevivir.
