Por qué el estómago no se digiere

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El estómago humano maneja sustancias increíblemente corrosivas (lo suficientemente fuertes como para disolver el metal) pero de alguna manera permanece intacto. Esto no es accidental; el estómago ha desarrollado defensas especializadas para resistir su propio poder digestivo. La pregunta de por qué el ácido del estómago no quema el órgano es crucial, ya que revela cómo los sistemas biológicos gestionan los procesos químicos extremos.

La dura realidad dentro de tu estómago

La función principal del estómago es descomponer los alimentos en componentes absorbibles. Esto requiere productos químicos potentes, principalmente ácido clorhídrico, junto con enzimas digestivas como la pepsina y la lipasa. Estas sustancias no sólo son lo suficientemente fuertes como para descomponer los alimentos; podrían dañar el estómago si no fuera por la protección natural.

La Dra. Sally Bell de la Universidad de Monash explica que la función del estómago es reducir los alimentos a sus partes básicas antes de que lleguen al intestino delgado, razón por la cual necesita un ambiente tan potente. Pero esto también significa una exposición constante a materiales que de otro modo serían peligrosos.

La barrera mucosa: el escudo de la naturaleza

El revestimiento del estómago está protegido por una gruesa capa de moco. Esto no es cualquier moco; Es alcalino y rico en bicarbonato, lo que neutraliza eficazmente el ácido antes de que pueda dañar las paredes del estómago.

Como explica el Dr. Bell, estas células producen una “capa muy espesa y pegajosa… que amortigua el ácido”. Esta barrera es constantemente renovada por las células epiteliales, asegurando una protección continua. Sin él, el ácido y las enzimas erosionarían rápidamente el revestimiento del estómago, provocando úlceras y, finalmente, perforación.

Defensa más allá de la digestión

El ambiente ácido tiene un segundo propósito: matar bacterias dañinas. El Dr. Benjamin Levy III, de la Universidad de Medicina de Chicago, señala que los jugos gástricos destruyen los patógenos y previenen el crecimiento excesivo de bacterias, especialmente las causadas por enfermedades transmitidas por los alimentos. Este es un mecanismo de supervivencia fundamental que garantiza que el cuerpo no sucumba a la infección por alimentos contaminados.

¿Qué puede salir mal?

A pesar de la resistencia del estómago, la capa protectora puede verse comprometida. El uso excesivo de medicamentos antiinflamatorios no esteroides (AINE) como el ibuprofeno daña el revestimiento del estómago al inhibir la producción de prostaglandinas, lo que reduce la secreción de moco y bicarbonato. Los factores del estilo de vida como fumar y el consumo excesivo de alcohol también debilitan la barrera protectora.

Incluso la dieta influye: los alimentos ácidos o picantes pueden superar las defensas del estómago y provocar irritación o reflujo ácido.

Amenazas bacterianas y tratamiento

Ciertas bacterias, como Helicobacter pylori, pueden burlar las defensas del estómago degradando la capa mucosa. Estas infecciones pueden tratarse con antibióticos, pero demuestran que incluso un órgano bien protegido no es del todo invulnerable.

La capacidad del estómago para resistir su propio ambiente corrosivo es un testimonio del poder de la selección natural. Este órgano ha evolucionado para realizar una función crítica (digestión y defensa) y al mismo tiempo protegerse de su propio poder destructivo.

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